Las escalas de valoración del esfuerzo percibido

Las escalas de valoración del esfuerzo percibido

La intensidad del ejercicio es uno de los componentes fundamentales del diseño de la actividad física y el deporte. La planificación de las cargas de trabajo puede ser recibida de forma diferente por cada una de las personas que realizan la actividad. Por esta razón debería ser conveniente que tuviésemos información de cómo les está afectando. Para ello, hemos decidido profundizar un poco en este tema con la recomendación de la lectura del artículo:

Validación de la escala de valoración subjetiva del esfuerzo OMNI-GSE para el control de la intensidad global en sesiones de objetivos múltiples en personas mayores.

La idea inicial con la lectura de este artículo era aprovechar los comentarios para extrapolar estas ideas a diferentes tipos de sesiones de trabajo con otras poblaciones como las actividades colectivas con poblaciones adultas o el entrenamiento de grupos[a]. La intención final sería que con unas sencillas herramientas podamos evaluar el proceso de enseñanza-aprendizaje previo el entrenamiento, e incluso el proceso de entrenamiento propiamente dicho.

Entendemos este proceso como la preparación del deportista para el paso de los objetivos exclusivamente técnicos a la  consecución de  objetivos fisiológico- biológicos. Pensamos que en las clases colectivas, dado que suelen ser de carácter abierto, se debería dar información periódica sobre las cargas recibidas e instrucciones sobre formas de valorar el entrenamiento[b]. Esto implicaría un carácter más didáctico, aunque ello signifique salir de un estilo de enseñanza de  mando directo o alejarse un poco del objetivo entrenabilidad, entendido como intensidad alta exclusivamente.

En este artículo, los autores (Silva y cols) han utilizado una escala de percepción del esfuerzo para intentar controlar la intensidad global de una sesión de actividad física con objetivos múltiples. Como es bastante probable que se necesite una mínima experiencia a la hora de aplicar una escala de este tipo, para el estudio se seleccionaron 20 personas mayores con una buena condición física que habían participado sistemáticamente durante 18 meses en programas específicos de actividad física y que a su vez estaban familiarizados con este tipo de mediciones. Con el fin de facilitar la evaluación se desarrollaron una serie de herramientas con apoyo visual de imágenes a la hora de puntuar su percepción subjetiva del esfuerzo.

Nuestra intención al comentar el artículo es realizar un paralelismo con otro tipo de actividades con el fin de que se valore este tipo de trabajos en otras poblaciones.

Marco teórico

Si bien el planteamiento del ejercicio físico en personas mayores debe tener como objetivos el aspecto lúdico, el entretenimiento y la ocupación activa del tiempo de ocio (Sañudo & Hoyo, 2006, cit por el autor), también debe ser una actividad que mejore su calidad de vida (Jürgens, 2006, cit por el autor) y les aporte beneficios a nivel funcional y social (Martínez, Santos & Casimiro, 2009, cit por el autor), este tipo de planteamientos también son extensibles a otro tipo de poblaciones. Igualmente el principio de salud debe estar implícito en todas, y es ahí donde relacionamos salud con intensidad de entrenamiento.

Es evidente que la intensidad del esfuerzo es un componente fundamental para la prescripción adecuada del ejercicio físico (García-Manso, Navarro & Ruiz, 1996, cit por el autor), no obstante la aplicación de altas cargas de entrenamiento indiscriminadamente puede suponer un problema ante poblaciones no debidamente preparadas. En muchas ocasiones en clases colectivas no podemos controlar la experiencia de los clientes que acuden a ellas, y a veces se hace complicado realizar un trabajo multinivel tanto por coreografías, ritmos a mantener, bips de la música…, y ante una misma carga externa, la respuesta individual es absolutamente diferente.

En las sesiones de jóvenes que realizan un deporte puede ser igualmente complicada la asimilación de las cargas si no tenemos un retroalimentación que nos permita adecuarlas, porque, para asegurar que la respuesta funcional sea segura y efectiva, es prioritario que la intensidad del estímulo se ajuste a las características de los sujetos y el objetivo de la sesión (Kenney,Wilmore & Costill, 2011, cit por el autor). Para conseguir esta información individual, o que los propios individuos dosifiquen las cargas se han utilizado tradicionalmente las escalas de percepción de la fatiga o esfuerzo (RPE).

La RPE se define como la intensidad subjetiva de esfuerzo, tensión, malestar y / o fatiga que se experimentan durante el ejercicio físico (Robertson, Goss, Rutkowski, Lenz, Dixon, Timmer et al., 2003; Noble & Robertson, 1996, cit por el autor).

La conciencia cognitiva de estas sensaciones se considera una forma de  en la que los cambios centrales, periféricos y metabólicos que ocurren durante el ejercicio están integrados (Pfeiffer, Pivarnik, Womack, Reeves & Malina, 2002, cit por el autor). En este sentido, desde la visión del proceso de enseñanza del entrenamiento podríamos hablar de una herramienta con la que aportemos aprendizaje conceptual 1, dándole información teórico-práctica previa al análisis de las respuestas de su cuerpo durante el entrenamiento. Esto facilitaría igualmente el aprendizaje significativo con la intención de relacionar los resultados de los entrenamientos con la experiencia previa  que debemos darle 2-5 , y nos facilita la utilización del método comprensivo 6 buscando posibles soluciones al mantenimiento, bajada o subida de la intensidad y a organizar trabajos multinivel con el fin de adecuarla a los individuos. En igual medida proponemos que el uso de estas escalas puede reforzar los contenidos procedimentales, e indirectamente los conceptuales y actitudinales 7, en relación a la respuesta al ejercicio. También puede facilitar la posibilidad de aportar retroalimentación. Por todo ello proponemos la idea de potenciar el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Una evolución de las escalas de percepción del esfuerzo (RPE), son las escalas OMNI. Éstas añaden al protocolo la imagen de un individuo haciendo distintos ejercicios a diferentes intensidades. Algunos ejemplos podrían ser los siguientes:

Escala 6 Escala 5 Escala 4

Escala 3 Escala 2 Escala 1 

Otro de los métodos para el control de la intensidad frecuentemente utilizado es la frecuencia cardiaca (FC), en estrecha relación con la intensidad del esfuerzo (Karvonen, Kentala & Mustala, 1957, cit por el autor).

Por lo general, diferentes asociaciones científicas (ACSM 2009, ACSM, 2010, CDC-Atlanta, 2008, cit por el autor) emplean los criterios de FC, valores de reserva cardiaca [FCmax– FCbasal] (Panton et al., 1996, cit por el autor), y frecuencia cardiaca máxima (Robergs & Landwehr, 2002, cit por el autor) para determinar y controlar la prescripción de ejercicio físico en diferentes poblaciones y, de forma muy específica, en personas mayores (Mazzeo & Tanaka, 2001, cit por el autor).

En este sentido pensamos que sería deseable unir ambos parámetros en la medida de las posibilidades, con el fin de obtener más datos de la actividad. Pensamos que si bien el tipo de población en que se realizó el estudio[c], tiene un elevado índice de patologías y problemas variados de salud, no están exentas de este tipo de problemática las poblaciones alternativas que proponemos (de hecho en muchas ocasiones suelen acudir a la actividad física y al deporte por recomendación facultativa).

En el caso de las actividades colectivas, los clientes pueden ocultar datos por considerar de carácter íntimo, no dar determinado tipo de información, o simplemente que no lo sepan. Igualmente puede suceder en el caso de las poblaciones jóvenes que realizan un deporte.

En todos los casos tanto por problemas de déficit cognitivo, por carácter introvertido, por déficit de atención, falta de información por tratarse de un cliente nuevo y seguir utilizando mismo sistema de control, o múltiples circunstancias, queda manifiesto que se necesitan métodos de sencilla comprensión (Poon, Chodzko-Zajko & Tomporowki, 2006, cit por el autor). Por todas estas  razones, los autores se han propuesto en este estudio validar el uso de una escala de percepción del esfuerzo MONI-GSE específicamente para ser utilizada en clases colectivas (intermitentes y de objetivos múltiples), con personas mayores.

Nuestra intención con el comentario de este artículo ha sido aprovecharlo para que se despierte la curiosidad por el uso de este tipo de herramientas en otro tipo de poblaciones. Para ellos habría que utilizar herramientas validadas para ese tipo de actividad-población o realizar las adaptaciones pertinentes hasta que se consiga validar alguna.

En este mismo apartado, poner énfasis en que   la OMNI Perceived Exertion Scale fue inicialmente desarrollada para su empleo con niños (Pfeifer, Pivarnik, Womock, Reeves & Malina, 2002; Utter, Robertson, Nieman & Kang, 2002, cit por el autor), siendo posteriormente validada para poblaciones adultas (Robertson et al., 2003; Robertson, Goss, Andreacci, Dube, Rutkowski, Snee et al., 2005, cit por el autor) y con sujetos de edad avanzada (Gearhart, Lagally, Riechman, Andrews & Robertson, 2009, cit por el autor). 

Material y método

En todo este apartado realizamos una serie de comentarios para que se preste atención a puntos muy concretos que nos ayuden en la utilización de este tipo de herramientas y que refuercen los comentarios que hemos hecho hasta el momento.

La muestra o cantidad de sujetos que participaron en el estudio estuvo compuesta por 20 personas de entre 60 y 75 años y con un mínimo de 18 meses de participación sistemática en clases colectivas desarrolladas dentro de un programa.

Con esto queremos subrayar que se necesita un tiempo de aprendizaje de las intensidades del trabajo (para que sean estables), porque muchas veces la inexperiencia nos hace utilizar mucha energía en un principio y luego quedar agotados a mitad de la actividad. Asimismo consideramos de interés mostrar que es necesario un proceso de aprendizaje de las sensaciones de las diferentes intensidades para poder evaluarlas posteriormente.

Dentro del procedimiento del estudio se usaron pulsómetros, que durante las sesiones iniciales,  los sujetos llevaron para acostumbrarse a ellos y que expresasen como sentían la intensidad del ejercicio.

Recomendamos poner énfasis en la unión de ambos parámetros para mayor fiabilidad y mayor cantidad de datos en que es necesario un proceso de aprendizaje con cada nueva enseñanza. En principio el usar una nueva herramienta, desconocida hasta el momento podría conseguir que las pulsaciones se alterasen ante esta situación, y que esto no fuese causa del ejercicio en sí.

Se realizaron tres sesiones semanales de diferentes intensidades (alta, media y baja), con el mismo tipo de actividades. De esta forma los individuos debían poder comparar en igualdad de condiciones para que los datos obtenidos fuesen fiables y que estos no fuesen alterados por variables extrañas que desvíen sus sensaciones.

En la misma medida debemos conocer un amplio rango de pulsaciones para poder comparar intensidades con mayor facilidad (si las intensidades son parecidas podemos pensar que una percepción del esfuerzo es muy alta “si no hemos llegado a notar sensaciones de mayor intensidad”).

Por último en este apartado, reforzar que la novedad de  la escala propuesta estriba en que evalúa la globalidad de la sesión en contraposición con la escala, por ejemplo, de Gearhart et al. (2009, cit por el autor), que evalúa exclusivamente la intensidad de un trabajo de fuerza. Tratándose de este tipo de población del estudio, llamamos la atención en las distintas partes de las sesiones diseñadas, en función de las pautas del entrenamiento para este grupo de edad8,  y atendiendo a las limitaciones y contraindicaciones de su actividad deportiva 9.

Resultados y Discusión

A medida que aumenta la intensidad de la sesión, la correlación entre ambas variables (percepción del esfuerzo y media total de pulsaciones) se hace cada vez más fuerte.

Estudios recientes han demostrado que la Escala OMNI-RPE es una herramienta válida para su uso en poblaciones adultas y para diferentes tipos de ejercicio (Robertson, 2004; Robertson et al, 2003; Robertson, Moyna, Sward, Millich, Goss, Thompson, 2000,  cit por el autor). 

El empleo de la frecuencia cardiaca como herramienta de control de la intensidad del esfuerzo cuenta con algunas dificultades como son la necesidad de contar con pulsómetros o el tener que conocer la técnica correcta de control de las pulsaciones por parte de los sujetos entrenados (Cooper, 1968, cit por el autor). No obstante creemos que se deberían tomar algunas referencias en algún momento del proceso de enseñanza-aprendizaje. 

Las escalas de percepción de esfuerzo se han empleado inicialmente en actividades de tipo aeróbico continuas. Por eso pensamos que quizá fuese más sencillo empezar por aquí en el proceso de enseñanza. 

Conclusiones 

En relación a su aplicación práctica, la OMNI-GSE puede ser una herramienta de control del esfuerzo realizado, especialmente cuando el grupo de trabajo está formado por personas poco experimentadas o en poblaciones de adultos mayores familiarizados con el ejercicio físico y su incidencia a nivel funcional. Sería de interés utilizar escalas validadas en los diferentes perfiles de clientes que acudan a las diferentes sesiones de actividad física.

En consecuencia, con buen conocimiento y dominio, la OMNI-GSE se convierte en una herramienta de gran ayuda para profesores que trabajan con estas poblaciones en grupos numerosos donde el control individual es más complicado de realizar. Y es por ello que animamos a su utilización.

Da Silva-Grigoletto ME, Viana-Montaner BH, Heredia JR, Mata F, Peña G, Brito CJ, Vaamonde D y García-Manso JM. Validación de la escala de valoración subjetiva del esfuerzo OMNI-GSE para el control de la intensidad global en sesiones de objetivos múltiples en personas mayores. Kronos XII(1), 32-40.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

1.- Sánchez, D. B. (1993). Perspectivas de la evaluación en educación física y deporte. Apunts: Educación física y deportes, (31), 5-16.

2.- Murcia, J. A. M., & de Siqueira, L. D. P. B. Adquisición del conocimiento declarativo en educación física: una propuesta práctica en las actividades acuáticas de los 8 a los 11 años.

3.- Villanueva, F. U. (1992). Intervención didáctica:¿ cómo enseñar en Educación Física?. Apunts: Educación física y deportes, (29), 53-61.

4.- Palmero, M. L. R. (2004). La teoría del aprendizaje significativo. In Proceedings of the First International Conference on Concept Mapping (Vol. 1, pp. 535-544).

5.- Cañas, A. J., Novak, J. D., & González, F. M. (2004). LA TEORÍA DEL APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO. España. Centro de Educación a Distancia. Pamplona, 35.

6.-  Moreno, J. (2001). Método acuático comprensivo. España: Universidad de Murcia.

7.- Zabala, A., & Arnau, L. (2007). La enseñanza de las competencias. Aula de innovación educativa161, 40-46.

8.- Wescott W, Faigenbaum A. (2008). Clientes con necesidades especiales. Adultos mayores. En Manual NSCA. Fundamentos del entrenamiento personal. Paidotribo. Barcelona

9.- Jover de Castro L. (1985). Ejercicios físicos y deportes en la tercera edad. En JR Parreño. Tercera edad sana. Ejercicios preventivos y terapéuticos. INSERSO. Madrid

 


[a] Sobre todo en niños

[b] En otras palabras enseñar a entrenar

[c] Mayores de entre 60 y 75 años

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